Al hierático oropel rechacemos al encontrarnos. Situémonos tan acá nomás: proximidades rabiosas o hermandades. Ignotas buenas intenciones dan asco si las atornillamos.Suena tonto ordenar razones tembleques. Urge ganarle al sentido. Aunque hábiles orquestas redunden anquilosadas en su timbre añoso, no prefiramos rendirle oídos. Huestes imperfectas: busquemos invadir dormitorios, almacenes; sitiemos las alegorías si tan ordenadas resultan. Tanto urdir guerras alcanzará, seguramente.
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